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El domingo por la tarde nos sentimos menos confinados. Nunca me han gustado los domingos por la tarde, pero no es menos cierto que, desde hace ya varias semanas, en pocas cosas se diferencia entre un domingo por la tarde y la tarde de cualquier otro día. La oferta es la misma, aunque la demanda pueda cambiar, fundamentalmente por el estado de ánimo. Pero al ánimo le da igual que sea lunes o domingo.

Y quizá por la atonía propia del domingo, he pensado en la situación que viven  todas aquellas personas a las que, cada día, les da absolutamente igual el día de la semana en que se encuentran. Su nivel de resiliencia (capacidad de los seres humanos para adaptarse a las situaciones adversas) es digno de admirar

Podría hablar de muchos  colectivos, pero me vienen a la cabeza tres, en particular.

Covid-19 y personas recluidas en los CETI, CIE, y personas refugiadas.

Personas ingresadas en los  centros de estancia temporal de inmigrantes

Los CETI centros asistenciales  situados en las ciudades de Ceuta y Melilla. Las personas acogidas en los mismos no están privadas de libertad, por lo que pueden entrar y salir de ellos, cumpliendo unas normas de convivencia preestablecidas. Los  migrantes que acucen al CETI cuentan con asistencia social, psicológica, sanitaria, jurídica y actividades de formación y tiempo libre entre las que se incluye la enseñanza del español.

Las personas que ocupan los centros de Ceuta y Melilla provienen del continente africano, y responden al perfil de quien ha contratado los servicios de las mafias, para poder acceder al continente europeo y han visto frustrado su acceso a España, o bien han intentado superar las fronteras entre el Reino de Marruecos y España saltando las verjas que separan ambos estados. También residen en los CETI, solicitantes de protección internacional. Son centros que acogen, hombres, mujeres, familias y menores acompañados.

El tiempo de permanencia en un CETI varía en función de las circunstancias de cada caso. En general permanecen hasta que son traslados a la península por orden del Ministerio del Interior, o devueltos a sus lugares de origen, en cumplimiento de una orden de expulsión.

Actualmente el CETI de Melilla se encuentra sobresaturado (más de 1.600 personas permanecen hacinadas en sus instalaciones previstas para 782 plazas) , lo que supone un evidente riesgo para la salud de las personas que allí se encuentran, ya que en caso de contagio  de covid-19 por alguno de sus usuarios, las posibilidades de aislamiento son remotas, con el riesgo que supone para la salud de los restantes.

Amnistía Internacional viene interesando desde hace tiempo que los CETI puedan ofrecer unas dignas condiciones de vida a los usuarios, así como el traslado a la península de las personas en situación de especial vulnerabilidad, tales como personas con diferentes capacidades, familias con menores de edad en edad de escolarización , mujeres embarazadas, personas con enfermedades mentales, víctimas de trata o de violencia de género, sexual, tortura y personas LGTBI.

Lo cierto es que en el contexto actual del covid-19 estos centros no se encuentran en condiciones adecuadas para garantizar la salud de las personas. Sus ocupantes deberían ser trasladados a la península y acogidas en condiciones adecuadas.

La situación de la mayoría de las personas migrantes (aproximadamente unas 600.000) en el contexto actual del covid-19 debería permitir su regularización extraordinaria y sin condiciones De hecho, así lo aconsejó el relator especial sobre la pobreza extrema y los derechos humanos de la ONU en su la visita que realizó a nuestro país en el mes de Febrero de este año.

Personas ingresadas en centros de internamiento de extranjeros

Los CIE (centros de internamiento de extranjeros), en la actualidad están siendo vaciados como consecuencia de no poder cumplir con su función. Un CIE tiene como misión acoger durante un periodo máximo de dos meses a los extranjeros que se encuentran en situación irregular en España antes de ser deportados a sus países de origen. Y respecto a los CIE, justo es reconocer la actitud del defensor del pueblo, Sr Fernández Marugán, ha sido activa, interesando públicamente la libertad de los inmigrantes recluidos debido a la crisis sanitaria, ya que el cierre de fronteras impide que las personas puedan ser deportadas. El CIE de Aluche ha sido clausurado, el de Barranco Seco (Gran Canaria)  y el de Hoya Fría (Tenerife) también. Ignoro si continúan recluidas personas en los CIE de Murcia, Valencia y Algeciras; lo cierto es que una vez cumplido el periodo de dos meses de internamiento sin que los internos hayan sido expulsados, deberían ser puestos inmediatamente en libertad.

Personas refugiadas

Son personas  han sido obligadas a huir, por encontrarse perseguidas y amenazadas, hasta el punto de que, para salvar su vida, el solicitar refugio en otro país (en este caso España) ha sido el único recurso. Se han multiplicado durante los últimos meses los casos de ciudadanos de Venezuela, Honduras y Colombia, que reunieron dinero para comprar un billete de avión y aterrizar en España, prácticamente con lo puesto. Personas en esta situación, y acogidas por el centro dependiente de Cruz Roja de Almería han dado positivo a la infección del covid-19, hecho éste que ha sido aprovechado por determinados dirigentes políticos para ondear la bandera del alarmismo y la barbarie.

Las peticiones de unión, y de cohesión social para superar la situación en la que vivimos, excluyen de raíz  a quienes parten de una posición desigual, por encontrarse en un estatus calificable como de limbo vital y administrativo.

Nuestro país vecino, Portugal, al que deberíamos imitar cada vez más, tuvo claro desde el primer momento que era necesario dar una adecuada respuesta a este colectivo y, sin acordar una regularización masiva, como mínimo  acordó la  de todas las personas que tenían en trámite  autorización de residencia, lo que les permitió acceder a los servicios de salud y al subsidio de desempleo en caso de despido por la epidemia.

Covid 19 y personas que padecen una enfermedad mental y personas con capacidades especiales.

La mayoría de nosotros (quien escribe estas líneas y quienes las leen), podemos expresar nuestro acuerdo y desacuerdo con las medidas adoptadas. Nos indignamos, enfadamos, o aplaudimos las decisiones que se toman. Incluso salimos a aplaudir a los balcones, todos los días a las 20,00 h. pero, ¿han pensado como viven la situación de aislamiento quienes tienen anuladas o limitadas sus capacidades de de entender y/o querer como consecuencia de padecer una enfermedad mental, o que tienen capacidades diferentes por alteraciones de la esfera cognitiva?

Son personas que, gran parte de su bienestar radica en la rutina; salir a pasear, ir a los talleres ocupaciones, ir a la piscina, etc… y que, por razón de estar confinadas, se ven imposibilitadas de salir a la calle si no es para acudir al centro de salud para que les suministren la medicación. Y así llevan más de un mes, con el problema añadido que muchas de ellas no son capaces de entender el porqué del cambio radical de sus vidas.

Muchas de ellas, mantienen contacto directo con sus terapeutas, pero por teléfono o incluso a través de videollamada, por lo que no tienen la misma percepción que mirándoles a los ojos o recibiendo (o dando) una caricia.

Según la OMS el 9% de la población española tiene algún problema de salud mental. Ya algunos centros, hospitales y residencias de salud mental y sus profesionales han empezado a notar los efectos derivados de la alteración de las rutinas (pueden salir a la calle debidamente acompañados si el paseo o la salida está pautado como parte del tratamiento), pero el cierre de determinados recursos, centros de día, centros deportivos, talleres ocupaciones, etc.. por razón del covid-19, a los que acuden desde que tienen uso de razón (diferente, pero razón), probablemente repercutirá de forma negativa en su situación y evolución personal. De hecho, se han detectado ya supuestos de enfermos con trastornos psicóticos que presentaban una buena evolución (sin delirios ni alucinaciones), y que han recaído desde el confinamiento.

Es cierto que no se han detectado situaciones complicadas de alteración del orden (al menos no me consta), pero ello confiere más mérito a estas personas que, a pesar del malestar, ansiedad, frustración y estrés que les genera el cambio de hábitos y de rutinas, el no poder recibir visitas de familiares o acudir a las visitas con sus médicos, se han adaptado a la situación, en gran parte  gracias a la atención de los profesionales que los atienden y de sus propios familiares que los cuidan en sus casas.

Lean la descripción de la situación que hace  en la publicación “El Salto”  la directora de la Llar Residéncia Pàdua, en Vilanova i la Geltrú que acoge a 45 personas con enfermedades mentales.

“Al principio estaban un poco más nerviosos y desorientados, pero ahora ya han entrado en una fase más de adaptación y aburrimiento, han asumido que no se puede salir y la importancia de incorporar y cumplir estas medidas higiénicas para que la residencia sea un espacio seguro para todos”.

 Esa misma revista publica las palabras de una persona diagnosticada de ansiedad (según datos presentados en 2019 por la Confederación Salud Mental España, el 6,7% de la población del país está afectada por la ansiedad, exactamente el mismo porcentaje de personas que presentan cuadros de depresión):

“Esto para mí es un reto muy grande, sé que habrán días en los que no estaré bien, pero también sé que cuando esto pase, porque pasará voy a decir, “si esta cuarentena sin poder salir ni hacer nada no pudo conmigo, ya no va a poder nada que se me presente de  aquí en adelante”.

 Covid 19 y personas privadas de libertad.

Sin ánimo de ser exhaustivos, en las cárceles españolas hay 24.000 funcionarios trabajando, para una población reclusa de aproximadamente 55000 personas (10.000 de ellas en espera de juicio). A día de hoy son tres los funcionarios de prisiones fallecidos por razón del coronavirus y una interna. Hay registrados 234  funcionarios que han dado positivo en coronavirus (unos 650 están de baja por cuarentena)  y 32 internos contagiados.

Las cárceles son espacios olvidados para la mayoría de la sociedad, y en ellas, el confinamiento hace que sean un espacio donde las enfermedades contagiosas se pueden propagar con gran rapidez. Aún así, no cabe duda que las medidas que se pudieron arbitrar en su día han sido eficaces. De hecho, los casos detectados en reclusos han correspondido a internos que acababan de ingresar en prisión o que habían disfrutado de un permiso penitenciario antes de que el Ministerio del  Interior los suspendiera.

No pensemos que las cárceles son llenadas con los privilegiados de la sociedad (más allá de los casos puntuales que, a todos se nos pasan por la cabeza en este momento); al contrario, la exclusión social es un factor determinante que favorece la posibilidad de ser encarcelado. En la cárcel encontraremos mayor presencia de enfermedades infecciosas, de adicciones, de pobreza, etc.., y por tanto los grupos a priori más vulnerables frente al virus.  Y aunque por lo que conozco, en las cárceles españolas no hay hacinamiento, si existe sobrepoblacion, lo cual puede tener una repercusión sobre la calidad de la asistencia médica.

Sin embargo, y a pesar de la adopción de medidas impopulares para el colectivo de presos,  en nuestro país no han tenido lugar incidentes graves como los que tuvieron lugar en Italia a comienzos del mes de Marzo (con excepción de una situación de tensión vivida el pasado día 16 de Abril en la prisión de Soto del Real en Madrid) , y ello dice mucho de una población que vive un doble confinamiento, privados de libertad y sin poder disfrutar de permisos penitenciarios, con las  visitas de familiares restringidas como consecuencia del temor al contagio, y sin posibilidad de acceso a las instalaciones de  ONG’s, asociaciones y colectivos que trabajan en sus procesos de reinserción.

Es más, las propias organizaciones de funcionarios han  destacado el comportamiento responsable y solidario de las personas internas, desde que se decretó el estado de alarma. Incluso, nosotros sin saberlo,  hemos copiado sus modelos de comunicación (celda a celda) o de hacernos llegar objetos de ventana a balcón mediante “carros”

Diversas organizaciones sociales han denunciado que la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias no haya actuado dentro de las prisiones conforme a los criterios recomendados por la OMS y el Consejo de Europa, y que las medidas adoptadas hayan sido la causa de ese doble confinamiento (interrupción de la vis comunicaciones, privación de permisos o aislamiento en celda). En particular han puesto de manifiesto el escaso uso de los mecanismos de excarcelación previstos en el Reglamento Penitenciario, lo que hubiera posibilitado que muchos presos hubiesen cumplido el resto de su condena fuera de la prisión.

Y hoy no toca hablar del triple confinamiento: los problemas de las personas con problemas de salud mental, privadas de libertad en prisiones.

Sigo en la creencia de que, del confinamiento aprenderemos cosas positivas que nos serán útiles los años de vida que nos queden, y que, por esa razón, debemos ser conscientes del privilegio que tenemos. Como he expuesto en la presente entrada, existen colectivos especialmente golpeados por la situación que vivimos, que viven un doble confinamiento: el impuesto por sus circunstancias personales y el derivado del estado de alarma que nos afecta a todos. Mi experiencia personal y profesional, en contacto con personas maltratadas por su entorno (y, por qué no decirlo, por todos nosotros) me hace pensar que, muchos de ellos/as van a salir reforzados a nivel personal de la situación en la que viven el confinamiento y que serán capaces de  extraer  aspectos positivos de sus vivencias de estos días, doblemente encerrados. Si fuera así, y tenemos la oportunidad de entrar en contacto con ellos/as y conocer sus vidas, no nos deberíamos quedar quietos y limitarnos a reconocer su nivel de resiliencia, o expresar nuestra admiración y reconocimiento , sino que nos conviene adoptar una posición activa y aprender de los recursos que ellos tienen para adaptarse a las circunstancias. Sin duda nos van a ser útiles en el futuro.

Y podríamos hablar de los ancianos, de los niños, de colectivos con capacidades especiales específicas… tenemos que aprender tanto de todos nosotros..

Gracias por todas vuestras enseñanzas, y gracias a los que os cuidan y protegen, que os permiten a ser auténticos maestros de vida.

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