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La obligada lectura de la prensa dominical, me llevó a encontrarme (aunque nunca es un encuentro casual, lo reconozco) con el artículo semanal de  Rosa Montero, que puede ser leído aquí.  Rosa Montero dice:

“Todo este trauma, ¿servirá para algo? La economía se hunde, pero también quizá logremos hacer algo con eso. De la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial salió el estado de bienestar. Quizá ahora consigamos implantar la famosa renta básica universal. Que este cambio drástico nos cambie de verdad

(–).”.

Lo cierto es que, tras dos semanas leyendo y traduciendo día a día  decretos y decretos leyes (redactados con un lenguaje incomprensible), y asimilándolos para poder trasladar su contenido a esta página, no he dejado de pensar en si no hubiera sido más fácil, y si hubiera sido posible, el acordar la renta básica para todas aquellas personas cuya economía se está viendo gravemente trastornada por el cese de la actividad económica. Y, mira por dónde, Rosa Montero, tuvo el mismo pensamiento que yo, aunque el mío fuera fruto de la necesidad de superar la lectura de la letra pequeña del B.O.E.

Hasta este momento se han publicado ni más ni menos que seis Reales Decretos Ley. No voy a parar contar las órdenes ministeriales e instrucciones que se han podido elaborar como consecuencia de aquéllos. No dudo que muchas de las medidas adoptadas están plenamente justificadas (no es objeto de mi reflexión hoy), pero convendrá el lector conmigo, que las que están destinadas a paliar los efectos económicos del cese de la actividad (moratoria en las hipotecas, en el pago de las rentas derivadas de arrendamientos) regulan complejos requisitos de difícil comprensión, y que, por tanto, son interpretados según como le conviene por unos y por otros (el banco requiere un documento concreto, para tener por acreditado un requisito determinado, que la Administración dice no tener o no hacer). El laberinto de subvenciones, ayudas y prestaciones, es capaz de marear a cualquier mortal que pretenda encontrar la salida a su problema personal

Las personas normales no podemos entender la complejidad de determinadas condiciones (por ejemplo, persona vulnerable), que se requieren para acceder a una determinada prestación, beneficio o línea de financiación. A esa falta de capacidad de comprensión, se une la situación de nerviosismo e inquietud  que vivimos como consecuencia de la desaparición paulatina de nuestros recursos, y la más que probable, situación de carencia en la que nos encontraremos si no nos encontramos ya, y a la indignación que nos genera el movimiento burocrático que debemos hacer para cumplimentar una simple solicitud.

Llegados a determinado punto, incluso, es lícito plantearse (lo he escuchado en una entrevista realizada a un ciudadano de México D.F al que le preguntaban si estaba dispuesto a cumplir con el confinamiento voluntario en su ciudad), ¿De qué me sirve no contagiarme si luego no podré subsistir?. A esa sencilla reflexión añadiría: ¿De qué me sirve no contagiarme si luego no podré reunir todos los papeles que me piden?

¿No es posible regular un ingreso mínimo vital que cubra las necesidades de  las familias  y con los mínimos requisitos burocráticos?

Es necesario en este momento garantizar a todos y cada uno de los ciudadanos, unos ingresos que permitan ayudarnos a superar una situación crítica como la que se ha generado y se agravará con ocasión de la pandemia, pero también es necesario hacerlo pensando en el futuro, pues, ¿quién no es vulnerable a una posible pérdida de empleo, a un cierre empresarial (recuerden los problemas que han generado fenómenos metereológicos durante los últimos años) o a a necesidad de atender a un ser querido en situación de enfermedad?.

Muchas personas creemos y abogamos por la implantación de un sistema educativo o sanitario que beneficie al conjunto de la ciudadanía. Si es así, ¿por qué no diseñar un sistema de ingresos incondicional y sencillo en su tramitación que permita corregir las situaciones económicas como la que vivimos?

En situaciones de crisis, en los que las cifras del desempleo se están disparando son necesarias propuestas de protección social que simplifiquen la vida del ciudadano, y en este sentido la Renta Básica sería una medida que permitirá elminar la incertidumbre vital y económica que supone una pandemia como la del coronavirus.

Muchos profesores universitarios, economistas y académicos han hecho un llamamiento a su implementación durante la cuarentena. Expertos como Daniel Reventós apuntan a la posibilidad de que todos los ciudadanos cobren mil euros al mes hasta final de año. La profesora Nuria Alabao señala que si quedarse en casa es incondicional, la renta básica también tiene que ser no condicionada.

 El profesor Reventós junto con otros autores, explica cómo implantar una renta básica de forma inmediata, en este artículo

Y es que en palabras de Toni Roldán (economista de prestigio, vinculado hasta hace varios meses a un partido político de implantación nacional)  Una renta de este tipo ofrece tres ventajas fundamentales: es simple, inmediata y  llega a todo el mundo. Se podría activar de forma casi automática, cubriría a todos los que lo necesitan, y ahorraría miles de horas de trámítes y burocracia, En tiempos normales el coste de asegurarse que recibe el dinero quien más lo necesita es asumible. Ahora la inmediatez es esencial (ver artículo de Toni Roldán aquí).

No pensemos que es una idea nueva. La idea de renta básica empezó a desarrollarse en el siglo XVIII, y han teorizado sobre ella personas tan influyentes como J.K.Galbraith o Milton Firiedman, y si bien durante este siglo, la posibilidad de su planteamiento ha sido discutida por parte de pensadores de la esfera neoliberal, no es menos cierto que un miembro del partido demócrata de peso, que incluso se postuló para presidente de los Estados Unidos en las elecciones presidenciales (Andrew Yang).

Tampoco puedo obviar que una sociedad como la Suiza  rechazaron en referéndum la renta básica, si bien la propuesta era la de aprobar una renta básica en su vertiente  universal. Puede consultarse el referéndum (propuesta y resultado)  aqui

En estos momentos, disponer de este ingreso (aunque no sea permanente ni universal, conquista ésta a la que no se debe renunciar) permitiría a los ciudadanos vivir de una forma menos angustiosa las pérdidas de empleo que se avecinan. Es más, otorgaría independencia económica  de las personas que trabajan en los sectores más precarios (la mayoría son mujeres) reforzando la dignidad y la capacidad de realización personal de todos nosotros. En definitiva, sería una medida preventiva del  proporcional a la situación de emergencia que vivimos, que nos ahorraría, trámites, burocracia y nos haría más fácil vivir en tiempos difíciles.

Sobre la renta básica:

http://www.redrentabasica.org/rb/entre-el-confinamiento-y-la-inseguridad-economica-malos-tiempos-para-la-salud-mental/

 http://www.redrentabasica.org/rb/la-renta-basica-como-supervivencia-en-tiempos-de-coronavirus/

 https://ramiropinto.es/renta-basica/renta-basica/

 

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