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La reciente lectura de una entrada en el  magnífico blog “EVOLUCION Y NEUROCIENCIAS” (26-05-19), que firma Pablo Malo (@pitiklinov),  me ha recordado el pensamiento de Donald Black, sociólogo norteamericano que, en su día, se constituyó como uno de los teóricos más heterodoxos de la criminología moderna. Creo necesario, al hilo de los últimos acontecimientos, recordar su pensamiento, siguiendo el patrón de Pablo Malo.

Según Black, la mayor parte de las conductas que hoy en día consideramos delictivas, son consecuencia de la voluntad del sujeto de ejercer a su manera un control social.

Black dice que control social es el proceso por el que las personas  responden a la conducta desviada. Por eso, gran parte de los crímenes que tienen lugar, son consecuencia de la voluntad del autor de dar una respuesta a la conducta previa que considera injusta o desviada. Su acto criminal es pues la reacción a esa conducta.

Por eso, el control social que ejerce el delincuente, supone la previa existencia de un comportamiento según él, inadecuado, que realiza la víctima. La persona reacciona frente a su víctima, al no admitirla ni entenderla desde un punto de vista moral. Es la violencia moralista (frente a la predatoria, cuya principal característica es el lucro o beneficio).

En definitiva: el autor del delito lo que hace es asumir la ley como algo propio,  y tras vestirse  de verdugo, reacciona mediante el crimen, ante quien ha transgredido el orden moral realizando algo injusto. Yo mato al amante infiel, yo lesiono a quien ha ofendido mi honor, yo atento contra los familiares de mi deudor…

El tema es sugerente por algunas razones;

En primer lugar, porque las reacciones ante determinados comportamientos pueden verse como un ejercicio de autodefensa o de acción justificada. Incluso el grupo de iguales, puede entender perfectamente la génesis del crimen, y por tanto exigir una respuesta penal adecuada y proporcionada a su comprensión.

En segundo lugar, y es lo más interesante desde la práctica diaria ante los juzgados y tribunales, porque es causa de  la tensión que se genera en las Salas de juicios, cuando el procesado pretende cambiar los roles, y asumir él el papel de víctima o agraviado en presencia de los familiares o amigos de quien es víctima real de sus actos

Y desde un punto de vista colectivo. ¿Qué nos ofrece la idea del crimen como control social? Pablo Malo y Donald Black lo dejan muy claro: El Estado no ha conseguido el monopolio sobre el ejercicio de la violencia, entendida como reacción ante el acto delictivo. La violencia sigue siendo utilizada con esa finalidad por las personas, igual que sucedía antes de la génesis del estado moderno.

Recuerdo en este momento imágenes difundidas por medios públicos en las que, tras el bárbaro asesinato de una mujer joven. la multitud se movilizó ante las puertas de los juzgados y tribunales. Incluso me viene a la mente,  la imagen de un varón que se subió al maletero de un vehículo policial en marcha, golpeándolo con ira, poniendo en  grave riesgo  su vida.

Del mismo modo podemos valorar las reacciones en cadena que se producen a través de redes sociales, ante la comisión de un hecho contrario a la moral imperante. Seguro que gran parte de los autores de determinados “tuits”, aceptarían comparecer ante un tribunal por la presunta comisión de un delito de injurias, calumnias, amenazas, delito de odio, etc…

Estas personas hacen lo que creen que está bien. Y si algún día fuesen condenados por esos hechos, difícilmente tendrá éxito cualquier iniciativa dirigida a modificar sus convicciones respecto de la necesidad de su acto criminal porque para ellos la pena estará vacía de contenido. Aceptarán la reacción de la justicia (he matado porque me fue infiel, por lo que acepto la pena que se me impone) como si de una proyección de su acción voluntaria se tratara; es más, casi con certeza estarán convencidos de que sus referentes valoran su conducta, no solo como apropiada sino también como necesaria.

El planteamiento ha sido calificado como heterodoxo, pero mi experiencia profesional me ha evidenciado que no está alejado de la realidad, sobre todo en momentos como el actual en el que existe una abrumadora tendencia destinada a imponer las posiciones morales dominantes. La reflexión es necesaria.

Referencias:

Malo, Pablo (2019) “La violencia y el crimen como control social”. Pubicado en Evolución y Neurociencias”. Posted 26-05-2019

Black, Donald (1983) “Crime as social control. American Sociological Review. Vol. 48: 34-45.

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