La prueba: anatomía de una caída.

 

El mundo del cine ha sido testigo de numerosos thrillers judiciales, pero pocos logran capturar la complejidad emocional y psicológica como lo hace «Anatomía de una Caída». Dirigida por Justine Triet, esta película francesa ha logrado un equilibrio perfecto entre el drama legal, el proceso judicial, la prueba y el análisis profundo de las relaciones humanas.

La trama de «Anatomía de una Caída» gira en torno a la muerte de Samuel, un hombre que aparentemente cae desde la ventana de su casa en los Alpes franceses. Sandra, su esposa, interpretada magistralmente por Sandra Hüller, se convierte en la principal sospechosa. Lo que sigue es un intenso juicio que no solo intenta desentrañar las circunstancias de la muerte de Samuel, sino también revelar las fisuras y tensiones de una relación matrimonial compleja.

«Anatomía de una Caída» no es solo un thriller judicial, sino también una profunda reflexión sobre la verdad, la percepción y las dinámicas de poder dentro de una relación. La historia invita a la audiencia a cuestionar no solo lo que ven en la pantalla, sino también sus propias creencias y prejuicios.

La película me hizo ver una particularidad del acto de juicio oral francés que lo diferencia del español. El acusado puede declarar durante el juicio en varias ocasiones, incluso durante la práctica de la prueba puede responder a las preguntas de los testigos; puede solicitar al Tribunal la posibilidad hablar en cualquier momento, de tal manera que el proceso está diseñado para que tenga amplias oportunidades para defenderse y presentar su versión de los hechos.

Ese hecho (que un acusado pueda intervenir en el proceso oral varias veces o casi cuantas quiera) y la aparición del fenómeno deepfake me ha llevado a reflexionar sobre el sentido de la prueba en el acto del juicio oral en nuestro proceso penal.

 

Hace ya tiempo que deberíamos haber abandonado determinados medios de prueba, que seguimos practicando de manera reiterada, seguramente porque seguimos creyendo en la existencia de “pruebas directas”, dejando de lado los indicios como recurso principal para formar la convicción sobre un hecho. Y, sin embargo, no nos damos cuenta de que bajo el sistema actual de libre valoración de la prueba, pocas o ninguna merecen la consideración de “directas¨”. Las pruebas, en realidad, dependen de la capacidad de razonar del órgano jurisdiccional, sin que podamos atribuir mayor valor a unas frente a otras. Hoy en día la prueba directa, no tiene mayor importancia para el tema a decidir que otras que no tengan esa consideración (pruebas indiciarias)

Los jueces no son capaces de saber si un acusado o un testigo miente o no cuando declara en un juicio, por lo que los interrogatorios no son pruebas útiles para conocer la verdad.

Hoy en día casi cualquier persona es capaz de generar empatía con el juzgador y condicionar su decisión a través de su testimonio. Los estudios de la psicología del testimonio en este sentido son amplios, tanto como rotundas sus conclusiones, y por ello deberíamos contemplar esos medios de prueba personales con absoluto escepticismo.

El Catedrático de la UB Jordi Nieva-Fenoll lo describe con precisión en el artículo “La prueba de los deepfakes pornográficos: I.A. sobre I.A. (puedes leerlo aquí) cuando en relación con la prueba de interrogatorio a acusado o testigos sugiere transformar los interrogatorios en entrevistas cognitivas realizadas por expertos para abandonar así, lo que califica como la pantomima de los interrogatorios judiciales, que son absolutamente ineficaces para lograr descubrir la verdad de lo sucedido.

Lo mismo sucede con la prueba pericial. ¿Acaso tiene sentido que un no experto deba entrar a considerar lo que dice un perito? Imaginémonos a un ingeniero aeronáutico valorando el discurso de un técnico en derecho sobre el concepto actual del bien jurídico protegido desde la perspectiva constitucional

¿De verdad tiene sentido?

La IA va a solucionar los problemas de los jueces a la hora de valorar la prueba en muchos casos. Una aplicación de inteligencia artificial, con una ingente base de datos, podrá  auxiliar eficazmente a un juez para entender según que conceptos y configurar una prueba fiable, de tal manera que no tenga ningún prejuicio personal sobre la expresión o el lenguaje no verbal del perito cuando deponga en su presencia.

Es cierto que el examen de la prueba documental ha provocado menos errores en los jueces a la hora de ser valorada, sin embargo, el documento puede ser el soporte de imágenes y sonidos que nos dé la impresión de ser reales, y que, sin embargo, no lo sean.

Es el deepfake.

El deepfake es una tecnología que utiliza inteligencia artificial, específicamente redes neuronales profundas, para crear o alterar contenido multimedia de manera realista. Su nombre proviene de la combinación de «deep learning» (aprendizaje profundo) y «fake» (falso). Estas técnicas se utilizan para generar videos, imágenes y audio en los que la apariencia o la voz de una persona es cambiada para que parezca que está diciendo o haciendo algo que en realidad no hizo.

El deepfake ya no es novedad en el proceso penal, pues han existido procedimientos generados como consecuencia de la aparición de un deepfake (puedes comprobarlo aquí)  De hecho, (es opinión) estoy convencido de que los jueces ya han valorado deepfakes, tomando como cierta la información que proporciona el documento cuando es ficticia, por haberse creado para que el juez tomara una decisión errónea.

¿Qué hacemos en estos casos? ¿Aceptamos que el juez continúe guiándose por su intuición de la misma manera que lo hace cuando valora el interrogatorio del acusado o un testigo?

No seamos ingenuos. Los jueces no pueden detectar un deepfake de la misma manera que no pueden conocer en determinados casos si el acusado dice la verdad en el interrogatorio, o si el testigo está mintiendo sólo por el hecho de escucharle y hacer valer su intuición

Cuando hablamos de deepfake no tenemos que pensar sólo en una grabación de video, o de audio. Existen técnicas que pueden manipular hasta extremos insospechados un documento escrito. Y si, es cierto que todo ello deberá ser analizado por la prueba pericial, pero sin duda pronto aparecerán nuevos conocimientos y técnicas que podrán discutir con cierta fiabilidad los informes periciales que se presentes ante los juzgados y tribunales, hasta el punto que no podremos decir cuál de ellos tiene razón

El deepfake va a ser uno de los principales problemas que tengamos que abordar en el futuro, cuando se generalice el cuestionamiento de documentos  como consecuencia del  fácil acceso a las herramientas de manipulación, y sea difícil o imposible practicar una prueba pericial de garantías sobre su autenticidad.

 

¿Qué significa eso?

Que probablemente nos tendremos  que dotar de un nuevo sistema para la resolución de conflictos. Una nueva estructura que no responda al modo  tradicional que venimos utilizando para dirimir cuestiones litigiosas, y que resulte adecuado a los nuevos tiempos. Veremos desaparecer los interrogatorios, la prueba pericial, y la prueba documental, pues no tendremos forma de descubrir los documentos manipulados con precisión ya que todos los recursos aptos hoy para reproducir la realidad podrán ser falsificados.

No seremos capaces de fijar en una sentencia unos hechos probados, como fiel reflejo de una realidad.

¿Tendrá sentido entonces el proceso tal y como hoy lo entendemos?

Sin duda no. No tendrá razón de ser, la práctica que llevamos aplicando desde la antigua Grecia, consistente en averiguar la verdad y aplicar las normas contenidas en el ordenamiento jurídico como consecuencia necesaria y  derivada de esa verdad.

Será necesario entonces el momento de construir un nuevo proceso capaz de dar solución al conflicto. El conflicto se deberá solucionar, pero la actividad procesal no podrá estar encaminada a la averiguación de la realidad, porque nos habremos dado cuenta de que es un fin imposible.

Quizá el proceso tendrá sentido para ahondar en las razones o motivos de los desencuentros, o para eliminar los perjuicios ocasionados a terceros. Es difícil predecirlo. Lo que si será inevitable será modificar su enfoque y razón de ser, y con ello, deberemos dotarnos de una nueva anatomía que nos permita conseguir otro ideal de justicia, muy diferente al que hoy conocemos.

Hoy aún no podemos imaginarnos cuál es esa nueva realidad, fruto de ese nuevo enfoque. De momento nos debemos conformar con  asegurar la integridad y la utilidad de la actividad probatoria en los juicios, la necesidad de conseguir una mayor sofisticación en la verificación de pruebas y la preparación de los profesionales del derecho. Todo ello  son elementos cruciales para garantizar justicia en un mundo donde la tecnología puede ser tanto una herramienta como una amenaza.

Pero el sistema caerá, y la caída será causa de  una nueva construcción procesal.  Una nueva anatomía.

 

 

 

 

Un comentario

  1. Muy sagaz y conceptual la comparación con la peli .. la construcción de una nueva anatomía es necesaria

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